Cuando hablamos de la antigua Grecia como una nación
única, nos referimos sobre todo a su cultura unitaria porque, políticamente,
estaba dividida en numerosas ciudades-Estado. A pesar de ello, a todos los
griegos les unía la lengua (aunque con varios dialectos), la religión, la
mitología, las costumbres y la literatura. Gracias a esa unidad cultural se
contraponían a los "bárbaros", que eran los otros pueblos, gente que
no hablaba griego.
En su mayoría, los griegos antiguos eran gentes de
horizontes abiertos, amigos de la discusión y la charla, fueron los inventores
del diálogo en la literatura y la política; gentes de plaza y fiesta, gustaban
de los viajes y relatos.
Atenas, Mileto o Corinto fueron ciudades comerciales,
con puertos acogedores y ágoras con tendencias democráticas. En cambio, la
antigua Esparta se aislaba, lejos del mar.
En Grecia, hasta los dioses eran tremendamente
humanos. Eran amables y protectores, aunque también vengativos y crueles.
Nacían en el mundo y formaban una familia en la que Zeus establecía el orden.
Éste, que comenzó siendo el dios de las tormentas y truenos, se convirtió en el dios de la
justicia y la providencia, que no sólo imponía orden en la familia divina, sino
también en el mundo humano.
Los griegos buscaban la justicia y la moralidad y,
escribiendo sus leyes, descubrieron que todos los cuidadanos eran iguales
(aunque las mujeres y los niños no se contaban como ciudadanos) y que la
democracia era la mejor de las formas de gobierno.
En las Guerras Médicas, las ciudades griegas
derrotaron al ejército colosal del gran Jerjes. Los heroicos ciudadanos que
luchaban por la libertad y obedeciendo sólo a sus leyes, lograron vencer al
coloso bárbaro.
Ese gusto por la libertad y ese trato con sus dioses
llevaron a los griegos a cuestionarse tanto el orden social y sus leyes como el
universo mismo y la naturaleza cósmica.
Se trata de una civilización donde el individuo y la
sociedad, a través de la ciudad y la escritura, aspiraban a la libertad de
palabra y la igualdad de derechos.
Estas aspiraciones se reflejaban tanto en la política
y la filosofía como en el arte, que mostraba una ligereza, una búsqueda de la
belleza bajo nuevas formas y un talante humanista que se expresaba también en
la poesía.
El teatro griego era un espectáculo popular, religioso
y cívico, de un nivel poético y dramático incomparable, dirigido a todo un
pueblo. Estas historias solían acabar mal, y tanto patetismo heroico aliviaba
las penas de los espectadores e invitaba a reflexionar sobre la fragilidad de la
condición humana.
Aunque casi todas nuestras ciencias y géneros
literarios comennzaron ahí, ahora sabemos que el mundo heleno aprendió mucho de
sus vecinos asiáticos.
Debemos mucho a aquella antigua civilización y todavía
tenemos algo griego en nuestro modo de ver el mundo, en nuestra inquietud y en
el amor a la verdad y a la belleza.
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