miércoles, 7 de noviembre de 2012

Los griegos (Irene Buigues)


Cuando hablamos de la antigua Grecia como una nación única, nos referimos sobre todo a su cultura unitaria porque, políticamente, estaba dividida en numerosas ciudades-Estado. A pesar de ello, a todos los griegos les unía la lengua (aunque con varios dialectos), la religión, la mitología, las costumbres y la literatura. Gracias a esa unidad cultural se contraponían a los "bárbaros", que eran los otros pueblos, gente que no hablaba griego.
En su mayoría, los griegos antiguos eran gentes de horizontes abiertos, amigos de la discusión y la charla, fueron los inventores del diálogo en la literatura y la política; gentes de plaza y fiesta, gustaban de los viajes y relatos.
Atenas, Mileto o Corinto fueron ciudades comerciales, con puertos acogedores y ágoras con tendencias democráticas. En cambio, la antigua Esparta se aislaba, lejos del mar.
En Grecia, hasta los dioses eran tremendamente humanos. Eran amables y protectores, aunque también vengativos y crueles. Nacían en el mundo y formaban una familia en la que Zeus establecía el orden. Éste, que comenzó siendo el dios de las tormentas  y truenos, se convirtió en el dios de la justicia y la providencia, que no sólo imponía orden en la familia divina, sino también en el mundo humano.
Los griegos buscaban la justicia y la moralidad y, escribiendo sus leyes, descubrieron que todos los cuidadanos eran iguales (aunque las mujeres y los niños no se contaban como ciudadanos) y que la democracia era la mejor de las formas de gobierno. 
En las Guerras Médicas, las ciudades griegas derrotaron al ejército colosal del gran Jerjes. Los heroicos ciudadanos que luchaban por la libertad y obedeciendo sólo a sus leyes, lograron vencer al coloso bárbaro.
Ese gusto por la libertad y ese trato con sus dioses llevaron a los griegos a cuestionarse tanto el orden social y sus leyes como el universo mismo y la naturaleza cósmica.
Se trata de una civilización donde el individuo y la sociedad, a través de la ciudad y la escritura, aspiraban a la libertad de palabra y la igualdad de derechos.
Estas aspiraciones se reflejaban tanto en la política y la filosofía como en el arte, que mostraba una ligereza, una búsqueda de la belleza bajo nuevas formas y un talante humanista que se expresaba también en la poesía.
El teatro griego era un espectáculo popular, religioso y cívico, de un nivel poético y dramático incomparable, dirigido a todo un pueblo. Estas historias solían acabar mal, y tanto patetismo heroico aliviaba las penas de los espectadores e invitaba a reflexionar sobre la fragilidad de la condición humana.
Aunque casi todas nuestras ciencias y géneros literarios comennzaron ahí, ahora sabemos que el mundo heleno aprendió mucho de sus vecinos asiáticos.
Debemos mucho a aquella antigua civilización y todavía tenemos algo griego en nuestro modo de ver el mundo, en nuestra inquietud y en el amor a la verdad y a la belleza.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada